¡Tierra a la vista!


"En aquel mismísimo momento, un rayo de luz cayó sobre el fondo del tonel donde me encontraba, y vi que había salido la luna, que bañaba de plata la escandalosa mesana y relucía blanca sobre el trinquete; y casi al mismo tiempo la voz del vigía gritó: <<¡Tierra a la Vista!>>.

Se produjo una avalancha de pasos sobre la cubierta. Pude oír a los hombres que acudían a toda prisa de la cámara de oficiales y del castillo de proa. (...) Allí se encontraba ya toda la marinería. Se había levantado una franja de niebla casi al mismo tiempo que había salido la luna. A lo lejos, al Sudoeste, vimos dos cerros, distantes uno de otro un par de millas y, por detrás de ellos, se elevaba un tercero más alto, cuya cumbre estaba todavía cubierta por la niebla. Los tres tenían una silueta picuda y cónica.

-Tengo entendido que el fondeadero está al Sur, protegido por un islote -dijo el capitán.

-Sí señor; lo llaman la isla del Esqueleto. En su día fue un nido de piratas, y un marinero que llevábamos se sabía todos los nombres que los bucaneros le habían puesto.(...)

Fondeamos justo donde estaba dibujada el ancla en el mapa, a un tercio de milla de ambas costas, con la isla a un lado y el islote del Esqueleto a otro. El fondo era de arena fina. El capoteo del ancla al largarla levantó una nube de pájaros, que se alejaron revoloteando y gritando por encima del bosque; pero al instante estaban de vuelta y el silencio volvió a reinar".

Robert Louis Stevenson. La isla del tesoro.